Meditation on Matthew 18:21-35

Jesus’ parable makes it clear that just as there is no end to the forgiveness God has for us, there is to be no end to the forgiveness we have for others. We forgive others without measure, just as God in Christ forgives us.

While we live in this world, we live in a war zone. We are both saints and sinners. One of the battles in that war is our natural desire to nurture a grudge versus our holy desire to forgive. Only the reconciliation with God that Jesus provided through His death on the cross gives us the victory.

That is why the cross is so important. On the cross, Jesus earned the generous forgiveness that He pours out on us every day. Thankfully by faith, the source of our forgiveness – the suffering, death and resurrection of our Lord, Christ Jesus Christ – is a never-ending flow of forgiveness, life and salvation.

We can come to Jesus at any time and confess our fear to forgive. We can ask Him to forgive us and renew our desire to forgive others. Forgiveness frees us from our destructive desire to nurse any kind of resentment.

Once again, we see that God does all the work. It is His forgiveness working through us in Word and Sacrament that forgives our brother. It is His forgiveness that gives us the victory and reconciles us with God and our brother forever and ever.

Let us pray: Almighty and everlasting God, teach us to be slow to judge, quick to forgive, and steadfast in love for You and for one another. Please deliver us from temptation and the powers of evil, that we may be faithful unto death and receive from Your hand the crown of everlasting life; through Jesus Christ, our Lord. Amen.

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Meditar en Mateo 18:21-35

La parábola de Jesús es muy clara. Así como no hay fin para el perdón que Dios tiene para nosotros, no debe haber fin para el perdón que tenemos para los demás.

Perdonamos a otros indefinidamente así como Dios en Cristo nos perdona.

Mientras vivimos en este mundo, vivimos en una zona de guerra. Somos tanto santos como pecadores. Una de las batallas en esa guerra es nuestro deseo natural de cultivar el resentimiento contra nuestro santo deseo de perdonar. Solo la reconciliación con Dios que Jesús proporcionó a través de Su muerte en la cruz nos da la victoria.

Por eso la cruz es tan importante para esta victoria, es en la cruz que Jesús se ganó el generoso perdón que derrama sobre nosotros todos los días. Afortunadamente por fe, la fuente de nuestro perdón, el sufrimiento, la muerte y la resurrección de nuestro Señor, Cristo Jesucristo es un fluir sin fin de perdón, vida y salvación.

Podemos acudir a Jesús en cualquier momento y confesar nuestro miedo de perdonar. Podemos pedirle que nos perdone y renueve nuestro deseo de perdonar a los demás. Es ese perdón lo que nos libera de nuestro deseo destructivo de alimentar cualquier resentimiento.

Una vez más, vemos que Dios hace todo el trabajo. Es Su perdón obrando a través de nosotros en su Palabra y Sacramentos lo que perdona a nuestro hermano. Es su perdón el que nos da la victoria y nos reconcilia con Dios y nuestro hermano por los siglos de los siglos.

Oremos: Todopoderoso y eterno Dios, enséñanos a ser lentos para juzgar, rápidos para perdonar y firmes en el amor por ti y por los demás. Líbranos, por favor, de la tentación y de los poderes del mal, para que seamos fieles hasta la muerte y recibamos de Tu mano la corona de la vida eterna; a través de Jesucristo nuestro Señor. Amén