Meditation on Matthew 21:23-32

Instead of following Jesus and honoring the truth, the temple authorities honored their own agenda. Their agenda was their God. They were only concerned about maintaining their standing before the people.

The temple authorities refused to believe that they deserved any punishment. Therefore John the Baptist’s message had no meaning for them. There is no Gospel where there is no knowledge of sin. 

For their part, the tax collectors and prostitutes understood that they were sinners. When John preached repentance for the forgiveness of sins, they knew that this forgiveness was their only hope. They repented and they received the Kingdom of Heaven.

We are often like the sons in the parable of the prodigal son. Sometimes we fight God’s will until His love brings us into the Kingdom of Heaven. Other times we say yes quickly with no intention of keeping our promise. Jesus is not like either son. He agreed immediately and obeyed perfectly. He has done all things well and in Him we have forgiveness, salvation, and eternal life.

We, on the other hand, will rise from the dead just as our older brother Jesus Christ rose if we repent and put our trust in Him. And we will live with God forever. We know this because God has given us His promise to do this and He never breaks a promise.  

Let us Pray:  O Lord, Hear Your people who cry to You in need. Please grant to us that we may endure to the day of our Lord’s coming and be judged worthy of eternal life; through Jesus Christ, our Lord, who lives and reigns with You and the Holy Spirit, one God, now and forevermore. Amen.

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Meditación en Mateo 21: 23-32

En lugar de seguir a Jesús y honrar la verdad, las autoridades del templo honraron su propia agenda. Su agenda era su Dios. Solo les preocupaba mantener su posición ante la gente.

Las autoridades del templo se negaron a creer que merecían ningún castigo. Por tanto, el mensaje de Juan el Bautista no tenía ningún significado para ellos. No hay evangelio donde no hay conocimiento del pecado.

Por su parte, los recaudadores de impuestos y las prostitutas entendieron que eran pecadores. Cuando Juan predicó el arrepentimiento para el perdón de los pecados, ellos sabían que este perdón era su única esperanza. Se arrepintieron y recibieron el Reino de los Cielos.

A menudo somos como los hijos de la parábola del hijo pródigo. A veces luchamos contra la voluntad de Dios hasta que Su amor nos lleva al Reino de los Cielos. Otras veces decimos que sí rápidamente sin intención de cumplir nuestra promesa. Jesús no es como ninguno de los dos hijos. Estuvo de acuerdo de inmediato y obedeció perfectamente. Él ha hecho bien todas las cosas y en Él tenemos el perdón, la salvación y la vida eterna.

Nosotros, por otro lado, resucitaremos de entre los muertos así como nuestro hermano mayor Jesucristo resucitó si nos arrepentimos y ponemos nuestra confianza en Él. Y viviremos con Dios para siempre. Sabemos esto porque Dios nos ha dado Su promesa de hacer esto y Dios nunca rompe una promesa.

Oremos: Oh Señor, escucha a tu pueblo que clama a ti en necesidad. Por favor, concédenos que podamos perseverar hasta el día de la venida de nuestro Señor y ser juzgados dignos de la vida eterna; por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y para siempre. Amén.