Meditation on Mathew 21:33-46

God offered life to Israel, but God’s prophets suffered cruel violence. Then Jesus came just as the prophets had come before Him. 

The tenants threw the Son out of the vineyard before they killed him. In a similar manner, Roman soldiers led Jesus out of Jerusalem and crucified Him.

The landowner intended to freely give them the very thing that they tried to take by violence. The insanity of their evil not only caused them to lose this gift, but their lives as well. They could have had it all, but they did not repent and lost it all instead.

The fruit that was expected of the tenants was repentance and faith. God’s grace is for all. He wants to give us this grace freely for the sake of Jesus’ perfect life, suffering, death and resurrection. Therefore, even the evil tenants need not have been damned.

Jesus made it clear that the destination of those in the parable need not be our destination. Only if we insist that God must save us on our terms will we follow the example of the wicked tenants in the parable.

When God has His way with us, we will follow Christ and die in Him. We will not remain in the grave, but will rise from the dead just as Christ rose. We are already Sons of the living God. Jesus has placed His righteousness in our hearts and we will live with him forever.  

Let us pray: O Lord, God of Hosts. Look down from heaven and see. Watch over this vine. Please grant to us repentance and faith for our salvation and for this life; through Jesus Christ, our Lord, who lives and reigns with You and the Holy Spirit, one God, now and forevermore. Amen.

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Meditar en Mathew 21:33-46

Dios ofreció vida a Israel, pero aun así los profetas de Dios sufrieron una violencia cruel. Entonces Jesús vino tal como los profetas habían venido antes que él.

Los labradores echaron al Hijo de la viña antes de matarlo. De manera similar, los soldados romanos sacaron a Jesús de Jerusalén y lo crucificaron.

El Señor de la viña tenía la intención de darles libremente lo mismo que intentaron tomar con violencia. La locura de su maldad no solo les hizo perder este regalo, sino también sus vidas. Podrían haberlo tenido todo, pero no se arrepintieron y lo perdieron todo.

El fruto que se esperaba de los labradores era el arrepentimiento y la fe. La gracia de Dios es para todos. El quiere darnos esta gracia gratuitamente por la vida perfecta, el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús. Por lo tanto, ni siquiera los labradores malvados debían haber sido condenados.

Jesús dejó en claro que el destino de los de la parábola no tiene por qué ser nuestro destino. Solo si insistimos en que Dios debe salvarnos en nuestros términos, seguiremos el ejemplo de los labradores malvados de la parábola.

Cuando Dios nos ofrece su camino, seguiremos a Cristo y moriremos en él. No permaneceremos en la tumba, sino que resucitaremos de entre los muertos como Cristo resucitó. Ya somos Hijos del Dios viviente. Jesús ha puesto su justicia en nuestros corazones y viviremos con él para siempre.

Oremos: Oh Señor, Dios de los ejércitos. Mira desde el cielo y ve. Cuida de esta vid. Concédenos el arrepentimiento y la fe para nuestra salvación y para esta vida; por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y para siempre. Amén.