Meditation on Luke 2: 22-40 / 2 MIN READ / Spanish V. below /
The Holy Spirit promised to reveal the Lord’s Christ to Simeon and has called him to the temple to witness the substance of the Lord’s salvation. 
Simeon gave praise to God for the salvation he carried in his arms, but the salvation that is good for us came at an expensive price. It is by His suffering and sacrifice that He is the Lord’s Salvation.
Jesus defeated sin, death, and the power of the devil.  By doing this, He conquered death and taken away the sin of the whole world.
Simeon’s hymn is an expression of trust in the Lord’s provision at the end of the day and at the end of life.  Simeon trusted that in Jesus he would have eternal life.
Jesus has promised to come to us in the bread and wine of the Holy Supper so that we do indeed hold our salvation just as much as Simeon held his salvation in the temple long ago. 
The Lord let Simeon go in peace and at each Divine Service the Lord lets us go in peace. The pastor says, “Go in peace,” but it is the Lord himself who frees us to do so.
We are like Simeon, we do not know when we will leave this world. What we do know is that we are ready for our end whenever it comes.  We are ready because we have seen, heard, felt, and even tasted our salvation. 
We can be certain because the same Jesus, the very Son of God, who took on our human flesh and sacrificed Himself for us … that same Jesus still comes to us today in Word and Sacrament. 
We have the substance of the Lord’s Christ in our ears and in our mouths.  This substance is just as real as the substance that Simeon held in his arms. 
Let us Pray: O Come Emmanuel, God with us. Help us to rejoice that, God sent forth His Son, to redeem us and give us the adoption as Your sons and heirs; and to grant us a glad new year. To the honor and the glory of Jesus name. Amen

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La sustancia real – Devocional Lucas 2: 22-40
El Espíritu Santo prometió revelar a Cristo el Señor a Simeón y lo llamo al templo para que fuera testigo de la sustancia de la salvación del Señor.
Simeón alabó a Dios por la salvación que sostuvo en sus brazos, pero la salvación que es buena para nosotros tuvo un precio muy alto. Es por Su sufrimiento y sacrificio que Él es la Salvación del Señor. Jesús venció al pecado, la muerte y el poder del diablo. Al hacer esto, venció a la muerte y quito el pecado del mundo entero.
El himno de Simeón es una expresión de confianza en la provisión del Señor al final del día y al final de la vida. Simeón confiaba que en Jesús podria tener la vida eterna.
Jesús ha prometido que vendrá a nosotros en el pan y el vino de la Santa Cena para que de hecho sostengamos nuestra salvación tanto como Simeón sostuvo su salvación en el templo hace mucho tiempo. El Señor dejó ir a Simeón en paz y en cada Servicio Divino el Señor nos deja ir en paz. El pastor dice: “Vete en paz”, pero es el mismo Señor quien nos libera para hacerlo.
Somos como Simeón, no sabemos cuándo dejaremos este mundo. Lo que sí sabemos es que estamos listos para nuestro fin cuando llegue. Estamos listos porque hemos visto, oído, sentido e incluso probado nuestra salvación. Podemos estar seguros porque el mismo Jesús, el mismo Hijo de Dios, que tomó nuestra carne humana y se sacrificó por nosotros… ese mismo Jesús todavía viene hoy en la Palabra y Sacramento.
Tenemos la sustancia de Cristo el Señor en nuestros oídos y en nuestra boca. Esta sustancia es tan real como la sustancia que Simeon sostenía en sus brazos.
Oremos: Oh, ven Emmanuel, Dios con nosotros. Ayúdanos a regocijarnos porque, Dios envió a Su Hijo para redimirnos y darnos la adopción como Tus hijos y herederos; y concedernos un feliz año nuevo. Para el honor y la gloria del nombre de Jesús. Amén