Meditation on Mark 1: 14-20 / 2 MIN READ / Spanish below /
In today’s meditation, Jesus proclaimed, “The kingdom of God is at hand.”  While earthly kings depend on their kingdoms, the Kingdom of God depends on God, its King.
When Jesus Christ died on the cross and rose from the dead, He opened the entrance to this kingdom.  That way is now open and will remain open to the end of time.  The proclamation of Jesus tells us how we enter this kingdom.  “The time is fulfilled, and the kingdom of God is at hand; repent and believe in the gospel.” 
Repentance begins with confession.  We acknowledge our sin and our sinful nature to God.  Then repentance asks God for the desire and power to change our sinful ways.  As we repent, we believe that God will remove our sin and guilt for the sake of His Son Jesus Christ. 
Those who repent and believe in the Gospel find themselves in God’s kingdom. Those who refuse to believe cannot enter God’s kingdom and so find themselves in hell.
We cannot repent and believe in our own power.  Even these elementary actions of the Christian are the work of the Holy Spirit in us.  They are a continuous, living, active part of our relationship with God.  We sin every day, and so we repent every day, and every day our savior-king comforts us with the eternal truth that our sins have been and always will be forgiven.
“The time is fulfilled, and the kingdom of God is at hand; repent and believe in the gospel.”  This is the message Jesus proclaimed.  This is the message that He passed on to His Apostles when He made them “fishers of men.”  This is the message that the church has proclaimed down through the centuries.  This is the message that the church proclaims today. 
Let us Pray: Lord God of Mercy, heavenly Father, You desire not the death of a sinner but that all would repent and believe the Gospel. As Your kingdom have come near and this world passes away, give faithfulness and urgency to Your Church to proclaim the Gospel of our God to all people. In Your Glorious Name Jesus. Amen

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Devocioanal en San Marcos 1: 14-20

En la meditación de hoy, Jesús proclama que: “El reino de Dios se ha acercado”. Mientras que los reyes terrenales dependen de sus reinos, el Reino de Dios depende de Dios, su Rey.
Cuando Jesucristo murió en la cruz y resucitó de entre los muertos, abrió la entrada a este reino. Ese camino ahora está abierto y permanecerá abierto hasta el fin de los tiempos. La proclamación de Jesús nos dice cómo entramos en este reino. “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios está cerca; arrepiéntanse y crean en el evangelio”.
El arrepentimiento comienza con la confesión. Reconocemos nuestro pecado y nuestra naturaleza pecaminosa ante Dios. Entonces el arrepentimiento le pide a Dios el deseo y el poder de cambiar nuestros caminos pecaminosos. Al arrepentirnos, creemos que Dios eliminará nuestro pecado y nuestra culpa por amor a Su Hijo Jesucristo. Aquellos que se arrepienten y creen en el Evangelio se encuentran en el reino de Dios. Aquellos que se niegan a creer no pueden entrar en el reino de Dios y se encuentran en el infierno.
No podemos arrepentirnos y creer con nuestro propio poder. Incluso estas acciones elementales del cristiano son obra del Espíritu Santo en nosotros. Son una parte continua, viva y activa de nuestra relación con Dios. Pecamos todos los días, y por eso nos arrepentimos todos los días, y todos los días nuestro rey-salvador nos consuela con la verdad eterna de que nuestros pecados han sido y siempre serán perdonados.
“El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios está cerca; arrepiéntase y crea en el evangelio”. Este es el mensaje que Jesús proclamó. Este es el mensaje que transmitió a sus apóstoles cuando los hizo “pescadores de hombres”. Este es el mensaje que la iglesia proclama hoy.
Oremos: Señor Dios de misericordia, no deseas la muerte de un pecador, sino que todos se arrepientan y crean en el Evangelio. A medida que tu reino se ha acercado y este mundo pasara, da fidelidad y urgencia a tu Iglesia para proclamar el Evangelio de nuestro Dios a todas las personas. En tu glorioso nombre Jesús. Amén